Sueño poder abrazarte y susurrarte al oído que te quiero, para luego fundirnos en un cálido y apasionado beso, provocando que todos y cada uno de los átomos de nuestros cuerpos incandescentes estallen alimentados por la lujuria.
Y cuando imagino todo esto, no puedo evitar estremecerme mientras la nostalgia abriga mi alma, que sigue acurrucada en un rincón, replegada sobre sí misma, esperando a que vengas y la despiertes de su letargo.
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