El suelo alrededor del banco se ve precioso bajo el denso manto de hojas amarillas. No es un amarillo sucio de hojas secas de Otoño, no, es un amarillo bonito. Un amarillo que reluce como el oro bajo la cálida luz del Sol, que ilumina mi rostro, cegándome, pero no me importa, porque en ese mismo momento en el que el viento sopla provocando una preciosa lluvia de hojas amarillas, y Freddie Mercury susurra en mis oídos "We Are The Champions", un placentero escalofrío recorre mi cuerpo y miles de pensamientos aparecen en mi cabeza.
Todos mis miedos, mis preocupaciones, planes, simples dudas existenciales... Todos los pensamientos que conforman mi ser circulan uno tras otro por mi mente, en un macabro desfile que me asfixia. ¿Soy Feliz? ¿Lo he sido alguna vez o llegaré a serlo? ¿Qué será de mi en un futuro? ¿Conozco ya el amor?... pero todos estos pensamientos banales desaparecen, no tienen respuesta.
Uno tras otro pensamientos similares aparecen y desaparecen, hasta que sin saber por qué, sólo pienso en el mundo, en esta sociedad desigual e injusta, en todas las desgracias que ocurren y que se avecinan por causa de la avaricia y estupidez del ser humano. ¿Por qué pienso esto? ¿Es acaso una señal?
Empiezo a ahogarme, el aire pesa demasiado, quiero gritar, quiero romper algo, quiero vivir y morir...
Recuerdo que siempre quise cambiar el mundo, entonces, ¿realmente es esto una señal o una especie de aviso? ¿Debería hacer algo? ¿Puede un sólo hombre abrir los ojos a toda la humanidad?
¿Puedo yo?
Preguntas sin respuesta, angustia, decisiones, cosas que amar y por las que luchar y cosas que odiar y contra las que luchar....
Ya no hay hojas, ya no hay Sol, sólo pensamientos y voces que se arremolinan en mi cabeza y me atosigan. Necesito gritar, he de hacerlo, voy a gritar.
Quiero cambiar el mundo, crear una sociedad justa y de iguales, sin guerras, sin opresores ni oprimidos, sin hambre ni pobreza, pero, ¿puedo? ¡¿PUEDO?! Grito para mis adentros.
...Silencio.
El suelo alrededor del banco se ve precioso bajo el denso manto de hojas amarillas. No es un amarillo sucio de hojas secas de Otoño, no, es un amarillo bonito. Un amarillo que reluce como el oro bajo la cálida luz del Sol, que se ha escondido tras un inmenso árbol y ya no ilumina mi rostro, ya no me ciega, ahora lo veo todo claro.
Sentado en aquel banco lo comprendí todo, encontré respuesta a todas esas preguntas y tomé una decisión.
Pero eso se queda entre las hojas y yo...
Todos mis miedos, mis preocupaciones, planes, simples dudas existenciales... Todos los pensamientos que conforman mi ser circulan uno tras otro por mi mente, en un macabro desfile que me asfixia. ¿Soy Feliz? ¿Lo he sido alguna vez o llegaré a serlo? ¿Qué será de mi en un futuro? ¿Conozco ya el amor?... pero todos estos pensamientos banales desaparecen, no tienen respuesta.
Uno tras otro pensamientos similares aparecen y desaparecen, hasta que sin saber por qué, sólo pienso en el mundo, en esta sociedad desigual e injusta, en todas las desgracias que ocurren y que se avecinan por causa de la avaricia y estupidez del ser humano. ¿Por qué pienso esto? ¿Es acaso una señal?
Empiezo a ahogarme, el aire pesa demasiado, quiero gritar, quiero romper algo, quiero vivir y morir...
Recuerdo que siempre quise cambiar el mundo, entonces, ¿realmente es esto una señal o una especie de aviso? ¿Debería hacer algo? ¿Puede un sólo hombre abrir los ojos a toda la humanidad?
¿Puedo yo?
Preguntas sin respuesta, angustia, decisiones, cosas que amar y por las que luchar y cosas que odiar y contra las que luchar....
Ya no hay hojas, ya no hay Sol, sólo pensamientos y voces que se arremolinan en mi cabeza y me atosigan. Necesito gritar, he de hacerlo, voy a gritar.
Quiero cambiar el mundo, crear una sociedad justa y de iguales, sin guerras, sin opresores ni oprimidos, sin hambre ni pobreza, pero, ¿puedo? ¡¿PUEDO?! Grito para mis adentros.
...Silencio.
El suelo alrededor del banco se ve precioso bajo el denso manto de hojas amarillas. No es un amarillo sucio de hojas secas de Otoño, no, es un amarillo bonito. Un amarillo que reluce como el oro bajo la cálida luz del Sol, que se ha escondido tras un inmenso árbol y ya no ilumina mi rostro, ya no me ciega, ahora lo veo todo claro.
Sentado en aquel banco lo comprendí todo, encontré respuesta a todas esas preguntas y tomé una decisión.
Pero eso se queda entre las hojas y yo...

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